jueves, 1 de diciembre de 2011

LA PEQUEÑA PRINCESA

Hace muchos años, en un pequeño reino llamado Gran Ilusión, vivía una princesa llamada Azul. Todos en el reino pensaban que era la niña más hermosa de todas. Sus rizos tenían un reflejo rojizo. Sus enormes ojos destellaban tanto que parecían dos estrellas. Con sus grandes y ruborosas mejillas  hacía que sus padres, los reyes, quisieran abrazarla todo el tiempo.

Llegó el día de su cumpleaños. Por fin la pequeña Azul cumpliría cinco años y, para festejar, los reyes hicieron un gran banquete e invitaron a todo Gran Ilusión. Como era costumbre, cada invitado llevó un tulipán mágico. Al anochecer, todos salieron a la pradera e hicieron un círculo con las flores. Después, el rey encendió, una fogata y era así cómo iniciaba un nuevo año para la cumpleañera.

Todos aplaudían y gritaban de felicidad, pero de pronto una fuerte ráfaga de viento  invadió la pradera y de repente el fuego de la fogata se apagó. Todos quedaron asustados, nadie decía una sola palabra. El rey volteó a ver a la reina, que tenía en sus brazos a la princesa.. Los reyes sabían que lo que acababa de pasar no era un buen presagio.  A pesar del mal momento, la fiesta continuó y todos siguieron celebrando. Azul tuvo el mejor cumpleaños, acompañada de sus padres y todas las personas que la querían. Sin embargo, los reyes seguían preocupados.

El día siguiente todo estuvo tranquilo, ninguna ráfaga de viento apareció y los padres de Azul se sintieron más tranquilos. Sólo había sido viento… Sólo eso.

Pasaron meses… Algo estaba mal. Todos se daban cuenta de que algo estaba pasando con Azul. El árbol que la reina plantó el día que nació la princesa crecía cada vez más, pero… Azul no. Desde el día que cumplió cinco años, la pequeña no había crecido ni un solo milímetro. Aquella ráfaga de viento le había robado el don de crecer. Los reyes se sentían devastados.

El tiempo pasó. La pequeña princesa tenía ya diez años. Azul ya no era la misma de antes, seguía siendo hermosa pero, al darse cuenta de la gran preocupación de sus padres, la nostalgia la fue invadiendo. Una tarde soleada, la tierna Azul paseaba por la pradera. De repente, se dio cuenta de que había una solución para su problema. En el gigantesco árbol que había plantado su madre, había crecido en la rama más alta un tulipán mágico.

Azul comenzó a escalar el árbol. Era tan pequeña y frágil que cualquier tropiezo  la haría caer. De pronto… Empezó a escuchar un silbido. A lo lejos vio un remolino. ¡La ráfaga de viento había regresado! La pequeña se apresuró a subir. ¡El torbellino estaba cada vez más cerca! El tulipán estaba ya a unos centímetros de su mano. Azul dio un paso más para alcanzarlo, pero antes de poder tocar la flor, la princesa se resbaló y empezó a caer. La ráfaga estaba a punto de envolverla cuando, de repente, se convirtió en una nube. Azul sintió cómo caía lentamente en ella. La nube la dejó tiernamente en el pasto y una voz dijo: “Princesita, hoy que has aprendido que el crecer no significa ser más alta, sino ser sabia, valiente y audaz, te devuelvo lo que hace cinco años me llevé: tu altura”.

Fue así cómo la princesita Azul volvió a ser la de antes. No sólo recuperó su altura, sino que volvió a ella la alegría y la ternura por la que todos la querían. Azul aprendió a ser valiente y así, llegó a ser la reina del pequeño Gran Ilusión.
FIN

sábado, 22 de octubre de 2011

Él

              A pesar de ser una persona solitaria, siempre se disfruta de su compañía. Él es alto, delgado y de tez blanca. Su cabello es tan lacio y suave como el terciopelo,  aunque un poco desaliñado. Sus ojos cansados tienen un reflejo verdoso y sus pestañas, que parecen exactamente del mismo color que su cabello, apenas si se pueden ver cuando está bajo el sol. Su nariz hace una perfecta simetría en su rostro. Su mentón tiene una barba corta que hace cosquillas cuando te besa la mejilla con sus finos labios.

             Él tiene una distraída forma de caminar, volteando al piso como si no le preocupara lo demás. Su rostro expresa  cierta tristeza que llega a ser contagiosa, pero en el momento que lo ves sonreír hace inevitable que quieras sonreír también. A pesar de ser tan delgado, cuando te abraza sientes que no lo vas a poder dejar ir. Tiene el poder de transmitir todo lo que siente, es por eso que nunca lo dice con palabras.


miércoles, 5 de octubre de 2011

Sueños de noche


La noche envuelve las luces de colores, mas estas no se apagan. Los edificios brillan tanto que no son siquiera acariciados por la oscuridad. El lago es atraído por la ciudad y la luna apenas si es reflejada en él. El amarillo cubre los árboles en el camino donde los coches van hacia la ciudad... Los coches. Al parecer no sólo el lago es atraído por aquellas luces multicolores, sino también las personas. ¿Qué no la noche es para dormir? Esta ciudad no duerme. Apuesto a que se ve más viva en la noche que en el día. Aquella ciudad goza de soñar despierta. Las luces realmente opacan la belleza inigualable de la verdadera fuente de luz, de la que gracias a ella la ciudad puede vivir de noche: La luna.